Self Diary 0.2
Me cargan los tipos cancheros. Esos que se visten con sudaderas y usan collar. Y creen que todas las minas quieren salir con ellos. Como un Johny Bravo pero shileno. Eso de hacerse el galán, el chorito de las playas, ¿acaso algúna vez ha dado resultado? ¿Alguien se habrá creído alguna vez el "No eres tu, soy yo"? Da lo mismo, la cosa es que yo no hago eso. Me parece ridículo llegar y hablarle una mina como si fuera Stefan Kramer imitando a Lucho Jara. Aparte no me atrevo. No es que no me atreva con las minas, pero las desconocidas me abruman. Para mi el hielo es un tema complicado. La cosa es que tengo a esta niña que he visto dos veces. Y me hace sentir como Stu en Phone Booth, o Anton Ego en Ratatouille; el tipo más seguro del planeta hasta que lo llaman por teléfono o le preparan un plato que solía comer cuando chico. Es decir, debajo de la carcaza intocable de un aparente tipo confiado se esconde el más vulnerable de los corderos. Pero debía hacer algo, no podía quedar así de brazos cruzados, era lo más cómodo, pero lo más estúpido al mismo tiempo. Así que la llamé. A su casa. En horario de oficina. Y no estaba. La llamé al dia siguiente. Lo mismo. Pedí el celular y la llamé. Era el de la mamá y me contestó la señora. !!! ¿? Me dio otro celular. La llamé dos veces. Apagado. La tercera. No contesta. Y me llamó de vuelta. Para la otra le mando una orden judicial.

1 Comments:
Plop.
Gracias Pepo.
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