Monday, August 21, 2006

Again and again

De nuevo Alejandrito el timido hace de las suyas. Yo no sé ustedes, pero es como 'fuerte' esto de comunicarse con la gente en el espacio público. Aquí los latinoaméricanos estamos acostumbrados a caminar hacia el objetivo y chao. Si alguien me habló, wea de él, yo voy centrado hacia la oficina, o hacia la universidad. Y para reafirmarlo más aún, me pongo mi iPod para no tener contacto algúno con el exterior, o me escondo detras de un pliego gigante de mercurio, o mejor aún, me pongo a hablar por celular todo el viaje, así nadie se atreve a hablarme pues; estoy ocupado. Busy, como diría mi messenger.
Uno no sabe de donde viene la otra persona, o que hace, o como se llama. Es un misterio todo eso. Y ese misterio me abruma.
Que ganas de ser un italiano gritón y andar echandole la foca a todo el mundo, o un francés amargado que putéa porque la gente no se corre de la acera, o un canadiense muy atento que te pregunte de donde vienes. O mejor aún, un argentino canchero que se las engrupa a todas. Pero no, soy un chileno todo cagado que se disfraza de cosmopolita.

Hoy día, me volvía de hacer unas pegas por Americo Vespucio hacia el sur escuchando el Black Cherry de Goldfrapp. Y bueno, primer día de primavera, buen sol, buena temperatura, buena música, la gente como que sale de su madriguera a ver el mundo. Es impactante, lleno de gente por todas partes. Y en la Shell de Colón con Vespucio, me metí porque tenía que echar bencina. En la entrada, así en el suelo, en la cuneta, había una niña de unos 20 años que la cagó. No la había visto todavía y supe que era de esas chicas que se quedan harto rato en la memoria. De nuevo recuerdo exactamente como andaba vestida; procuré scannear una imagen detallada de ella en mi retina. Entonces me puse tras el auto que estaba echando bencina en ese momento, y la miraba por el retrovisor y ella igual (muy película de rebeldes de los 90). Y en eso el bombero me dice; "mire, allá está desocupado", y aunque pensé que iba a perder el contacto visual que había tenido hacía escasos segundos, era lo más lógico y me eché para atrás en reversa (obviamente mirando a la chica por el vidrio trasero) y reacomodé el auto para entrar en la bomba que quedaba justo al frente del minimarket. Y ahí estaba, esperando que me atendiera alguien. Pero no llegaba nadie. Y escuchaba a Goldfrapp y su Strict Machine. Y de repente empiezo a cachar que ella empieza a caminar hacia el auto; buenisimo. Y llega y se para al lado de unas mesitas que habían, como haciendose la hueóna, al igual que yo. Típico, esas miradas así como de reojo, súper estupidas, pero tan propias de la naturaleza humana —según NatGeo—.
Y llegó el bombero, y me echó las dos lucas, y me pasó las llaves. Todo esto en dos segundos... Yo quería que se demorara. Y la chica ahí parada estoica, pero timida. Ahora tenía que mover el auto, habían más esperando detrás, pero yo no me quería ir. Hice el movimiento más absurdo para encontrar la salida, buscando un estacionamiento para ir a comprar cualquier cosa, cigarros, un jugo, no sé. Pero estaba todo ocupado; todo. Así que cagué nomás po, me devolví a mi casa frustrado por un nuevo capitulo de la vida en la calle del mono simono.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

son cosas que suelen pasar :S

8:06 AM  

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